lunes, 10 de enero de 2011

Somos pocos y parió...

¿Sabías que antes de terminar el año seremos más de 7.000 millones viviendo bajo el mismo cielo? A primera vista puede paracer un dato de escasa importancia, pero si se profundiza un poco en el tema podemos obtener algunas comclusiones interesantes.

Lo primero que podemos descubrir es que no es una preocupación nueva, sino que se trata de una inquietud que parte en el siglo XVIII y que nos conduce hasta lo que llamamos "modelo de transición demográfica". Según éste, la demografía de un país va evolucionando según su calidad de vida. Al principio la tasa de natalidad y de mortalidad son muy altas, pero a medida que mejoras las condiciones de vida, salud e higiene, la mortalidad comienza a descender. Es cuando se produce la explosión demográfica y el aumento masivo de población. Cuando las mujeres acceden a la educación y planificación familiar comienza a disminuir la tasa de natalidad hasta alcanzar la "tasa de fecundación de reemplazo" por la que la población se estabiliza. Actualmente dicha tasa se encuentra en 2,1 hijos por mujer en los países desarrollados. Los países en vías de desarrollo aún no han llegado al final de la transición, pero se espera que lo hagan antes de 2050. Para entonces seremos unos 9.000 millones, y aunque la población se habrá estabilizado, nuestros problemas no habrán acabado ahí.

Lo segundo que podemos descubrir es que el aumento de la población no supone un problema de espacio. Los casi 7.000 millones de habitantes que poblamos el planeta necesitamos menos de 3.900 km cuadrados, o sea, el tamaño de la ciudad de Multan en Pakistán, o la extensión del emirato árabe de Dubai.

Lo tercero que podemos descubrir es que 7.000 millones de personas son 7.000 millones de bocas que alimentar, y actualmente más de 1.000 millones pasan hambre. El planeta no está preparado a priori para mantener una población tan grande. Como todos los ecosistemas, lo natural sería que se regulase a sí mismo controlando el tamaño poblacional, pero el ser humano desmorona esa naturalidad con sus avances y mejoras de la calidad de vida de sus miembros. El agua y los alimentos, sobre todo los productos animales, son muy escasos, y las tasas de renovación de los mismos no son suficientes; gastamos más y más rápido de lo que se puede renovar (acuíferos, ganado, etc). La sostenibilidad de de la espacie y del planeta pasa por nuevos modelos de alimentación que no estén basados en las proteínas animales, y con un uso más eficiente del agua.

Lo cuarto que podemos descubrir es que los métodos empleados hasta ahora para disminuir la tasa de fecundación en países en vías de desarrollo mediante prácticas anticonceptivas, no son las más adecuadas, y que los métodos basados en la educación de las mujeres y la planificación familiar dan unos resultados más satisfactorios y duraderos.

Lo quinto que podemos aprender es que tras un proceso de transición demográfica engrosando los activos de la población y llegando a alcanzar la fecundidad de reemplazo, en los últimos años hemos gozado de un superávit económico debido a la escasez de personas dependientes, ya sean niños o ancianos. Pero en esta última etapa de la transición en la que empezamos a encontrarnos, la pirámide poblacional comienza a invertirse. La mortalidad disminuye, los nacimientos también. Las personas dependientes necesitan de esos recursos que en otros tiempos suponían los "hucha" de la sociedad. De continuar así, los fondos se irán agotando, y por ello surgen en estos días debates como los sistemas de pensiones, edad de jubilación, etc.

Quizá sean simples reflexiones, pero lejos de ser alarmistas, deberíamos tenerlas en cuenta. Si pudiera organizaba una reunión con los casi 7.000 millones de vecinos. ¿Habrá tantas camas en Dubai?

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