¿Te imaginas un reptil cubierto de plumas sin alas para volar? En un ejemplar del National Geographic se ha planteado tan curiosa situación, pues no se trata de ninguna película de ciencia-ficción. El fósil de un dinosaurio con más de 125 millones de años ha revelado la existencia de plumas primitivas en este tipo de animales, mucho antes de que se produjera el primer vuelo.
La aparición de la primera pluma se debe a una mal formación producida por una mutación genética que cambia el patrón de crecimiento de las escamas a partir de un complejo circular de crecimiento denominado placoda. En las escamas el crecimiento es horizontal y solo de un extremo de la placoda, mientras que en las plumas el crecimiento en vertical y de todo el perímetro, formando el cañón hueco de una pluma.
¿Por qué la evolución favorece esa mutación fortuita? Está claro que para que este nuevo carácter perdure es necesario que aporte alguna ventaja a los portadores de la mutación. Y al contrario de lo que se podría pensar, las plumas no se quedaron para volar, ni para ayudar al aislamiento, sino para lucirlas. Las plumas han servido desde su origen como señal intra e interespecífica (reclamo sexual, aviso a competidores...).
Esas plumas aparecieron hace varios millones de años en los antepasados de las aves, e incluso en algunos linajes de aquellos dinosaurios las perdieron de nuevo. Sólo en uno de ellos perduró el caracter pluma que mucho después fue aprovechado para otra función diferente: volar. Es lo que los científicos denominan exaptación. Mucho antes de surcar el vuelo, los antepasados de las aves lograron doblar las extremidades anteriores para pegarlas al cuerpo y no arrastrar las plumas por el suelo.
Esa flexión adquirida con el tiempo y las plumas de señalización, permitieron la aparición del vuelo en algunos linajes. No se tiene muy claro si se trataba de individuos arborícolas que perfeccionaron métodos de planeo de árbol o árbol, o animales que remontaban el vuelo desde el suelo aprovechando las pendientes.
Fuere como fuese, seguro que aquellos animales eran tan hermosos y coloridos como las aves actuales, y todo gracias a las enigmáticas plumas.

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