Giá siamo in Sevilla!!! Después de 4 días en Roma ya estamos de vuelta en suelo español. ¿Quién dijo que no se puede ver la capital italiana en poco más de media semana? Nosotros lo hemos logrado, y sin grandes palizas o prisas. El secreto, una buena organización y dedicarse a ver lo que verdaderamente importa. Roma tiene decenas de museos con cientos de colecciones, pero al menos que seas un coleccionista de arte o estés confeccionando un catálogo de pinacotecas, lienzos, esculturas y demás, no merece la pena pagar por ver todas los museos romanos.

Salimos de Sevilla en un vuelo a las 7:00 h y llegamos a Roma en apenas 2 horas y media, lo que nos permite aprovechar bien el primer día. Decidimos dedicar los dos primeros días a las visitas que más gente y colas acumulan. Nuestro primer destino es el Anfiteatro Flavio, conocido como Coliseo. Al contrario de lo que esperábamos no tenemos que esperar ninguna cola (la verdad es que no lo hemos hecho en todo el viaje). Impresionante es poco para describir la grandiosidad del lugar. No es bonito, no está en prefectas condiciones, pero desprende un aire de grandeza que si le echas un poco de imnaginación, y eres capaz de verlo lleno de romanos, con 50.000 personas viviendo los espectáculos que allí se montaban, haciendo vida social de un modo gratuito, gritos, fiesta, sangre, héroes y esclavos,... te das cuenta de lo importante que debería ser aquel momento para esas gentes.
Del Anfiteatro al Palatino a visitar las dependencias del emperador: Domus Flavia, Domus Augustana y Stadium. Y junto a estos los Foros Romanos. Lugar de ceremonias, mercados, vida social, espectáculos,... los foros albergaban los templos de Saturno, Vesta, Rómulo y Venus, así como los arcos de Tito (el emperador que inauguró el Coliseo) y el de Septimo Severo. Casi todo está en un estado que hay que imaginar más que ver, pero hay algunos restos arqueológicos que dejan con la boca abierta como son la Basílica de Constantino y el Templo de Antonino y Faustina.
Al salir del Foro entramos en la famosa Piazza Venezia donde podemos fotografiar el impresionante y no menos monstruoso Vittoriano; edificio dedicado a Victorio Enmanuelle y monumento al soldado desconocido. En la misma plaza el Palazio Venezia con la residencia de Musolini, y en el mismo edificio la Basílica de San Marcos.
A 50 metros la Piazza del Campidoglio planteada por Miguel Ángel, con su escalinata llamada La Cordonatta, y los pacios Conservatori, Senatori (con el ayuntamiento) y Nuovo (con los museos Capitolinos.
Para terminar el día y volviendo hacia el Coliseo para coger el metro (hay muy pocas paradas y no están precisamente en el centro) visitamos la Chiesa de S.M in Vincoli con su famoso Moisés.
La cena la hacemos en un restaurante italiano que hemos encontrado con un buen precio y una muy buena calidad, cerca del hotel y con un ambiente agradable, con un camarero que hablaba el español y que no hacía más que dar las gracias por cada cosa que hacía, pedíamos, traía,...o simplemente cada vez que respiraba. Realizamos 3 cenas a lo largo de nuestrop viaje en este mismo lugar. Las comidas fueron más de andar por la calle; pizza, helados de chocolate y capuchinos.
El segundo día está dedicado completamente a la visita del Vaticano. Lo primero los Museos Vaticanos, sin colas, temprano. Salas y salas llenas de riqueza, obras de arte, frescos, esculturas, piezas de arte de mil y un lugares, y todo aderezado por ese aire de superioridad que se respira dentro del Vaticano. Uno se plantéa muchas cosas cuando sale de allí. Las fotografías están permitidas sin flash, hasta que uno entra en la famosa Capilla Sistina y se prohibe completamente. Unos guardas se pasan el día mandando a callar y gritando "¡No fotoooo!". La verdad, no me ha impresionado nada. Una sala grnade, oscura, llena de gente, y de la que te echan como te descuides porque no se cabe. Los frescos serán de Miguel Ángel, pero no se ven bien y no se puede apreciar la grandeza de la obra. Así que seguimos nuestro camino por más y más pasillos llenos de pinturas hasta tal punto que empalagan y ya no sorprenden. Deseando salir de allí nos encontramos con un día lluvioso, pero al menos solo mientras estamos dentro de los museos.
Al salir de allí nos dirigimos a la Piazza San Pedro, tan grande como imaginaba. En un lateral, la Basílica de San Pedro. Eso sí impone. Lo primero es subir a la cúpula y admirar, después de subir 520 escalones, las maravillosas vistas tanto de Roma como del interior de la cúpula desde arriba. Cuando bajas y entras en el interior de la basílica... eso sí es sorprendente. Grande en poco; enorme es poco; es indescriptible lo que allí hay construido. Todo es enorme y está decorado de tal forma que parece que estás en un palacio en un país de gigantes. No se puede describir. Pierdes la noción de las medidas. Y además podemos ver la hermosa Piedad de Miguel Ángel. La visita a las tumbas papales son muy caras y no nos merece la pena invertir más dinero en esta visita.
Preferimos tomarnos un capuchino antes de intentar ver el Castillo de Sant'Ángelo, antigua fortaleza papal comunicada con El Vaticano por pasadizos.Una entrada muy cara para una colección que no vamos a disfrutar del todo por el cansancio acumulado y el poco tiempo de que disponemos antes de que cierren. Así que nos vamos a ver Roma de noche. La Piazza Navona con sus puestos y terrazas es el escenario perfecto para dar una vuelta en un tiovivo que encontramos junto a la Fontana de los Quattro Fiumi. Unas cuantas vueltas y nos vamos callejeando a la Fontana di Trevi. Agua cristalina con matices verdes y mucha gente haciendose fotos y lanzando monedas al agua. ¡Qué de dinero hay en la fuente! ¡Qué desperdicio! Pero no podemos aguantar la tentación. Antes de volver pasamos por el Templo de Adriano que alberga una muestra de joyas, y la Fontana del Tritoni en la Piazza Barberini. Metro y para el hotel.
El tercer día empieza con la visita de la Chiesa de S.M. Maggiori, la iglesia romana dedicada a la Virgen María más antigua de Roma. La ruta continua por la Piazza Barberini de nuevo, la Chiesa de S.M. de la Concezione y el museo nacional de arte romano. Luego las iglesias barrocas de Santa Andrea al Quirinale y San Carlo. Más tarde el Palazzo Quirinale y finalmente la Piazza Spagna, lugar de encuentro de la juventud, y decorado por la Escalinatta, la Barcaccia y la famosa Via dei Condoti, la calle de las boutiques de moda de Roma.
Antes de volver se pasa por la Piazza del Popolo y su Obelisco.
Este tercer día no lo podemos disfrutar entero porque Sara, mi novia, se pone enferma y tenemos que volver al hotel, pero esta es más o menos la ruta que siguió el resto de la expedición.
El cuarto y último día es más variadito y de paseo. Comenzamos cruzando el río y pasando por la Piazza Navona para llegar al Panteon. Otra de las grandes visitas de Roma, inpresiona el tamaño de su cúpula, 43 m de alto y de diámetro, y la conservación de las columnas y el frontal del monumento, el más antiguo de Roma. Es una de las cosas que más me ha gustado del viaje.
Muy cerca la Piazza Minerva con el Elefantino y la Chiesa S.M. Sopra Minerva. Desde allí un paseo hasta el Campo di'Fiori, con su atractivo mercado y el Palazzo Farnese a dosa calles de distancia.
Ahora toca el Guetto judio con sus calles estrechas y sus bares llenos de gente. En él podemos encontrar las ruinas del Portico d'Ottavia y el Teatro Marcello. Antes de cruzar el río se puede visitar la Sinagoga.
Cuando cruzamos el Puente Fabricio y pisamos la isla habitada más pequeña del mundo, Isola Tiberina, es como estar en el país de los gnomos; antes de entrar ya estás fuera. Dos edificios y un templo es lo único que se puede ver en este trozo de tierra unido con el "continente" por 3 puentes. La isla está rodeada de un bosque de plataneros indios que sirven de dormidero a miles de estorninos que forman espectaculares nubes al atardecer antes de acer sobre sus aposentos a la hora de dormir.
Cuando salimos de allí entramos directamente en Trestevere, un barrio pobre por tradición que se ha reconvertido en bohemio, aunque no por ello menos cotizado. Muchas gelaterias y cafés donde tomar otro capuchino antes de entrar en la Chiesa de S.M.in Trastevere. Diferente, aunque ya no sorprende con todo lo que llevamos a las espaldas.
Por último salimos corriendo para entrar en S.M. in Condoti y ver la Bocca de la Verita, pero nos cierran las puertas en las narices, de muy malos modos todo sea dicho. Así que nos conformamos con hacer la foto desde el otro lado de la verja, a 2 metros de "la piedra de la verdad". Para coger el metro que nos lleve de vuelta hacemos la ultima parada en el Circo Massimo, un lugar bastante abandonado donde no queda nada de lo que fué, solo la forma alargada donde un día corrieron cuádrigas, y donde hay la gente va a pasear a sus perros. Y pensar que más de 200.000 personas veían las carreras que aquí se disputaban. ¿Cuantos habitantes tend´ri Roma en esa época?
Roma, una ciudad bonita, con mucha historia, y el encanto de un lugar donde tras cada esquina hay una piedra que te susurra algo. Un lugar donde mirar, comer y oler diferente, y donde conforme avanzan los días te haces inmune a la sorpresa, ya que todo es tan grandioso que llega a empalagar. Roma, inolvidable.
